SANTA ROSA
24 de enero de 2026
El Divisadero: 17 años sin agua y una localidad fuera de las prioridades

La falta de agua potable en El Divisadero, localidad del departamento de Santa Rosa, no es una situación circunstancial ni un problema reciente. Desde el año 2008, los vecinos conviven con cortes frecuentes, baja presión y períodos prolongados sin suministro, en un contexto que se volvió estructural y que expone una deuda histórica del Estado municipal.
El reclamo, visibilizado en los últimos días a través de un registro audiovisual realizado por los propios vecinos, refleja una realidad que se repite desde hace más de diecisiete años. A lo largo de ese tiempo se presentaron notas, pedidos y reclamos formales ante el municipio. Las respuestas, cuando existieron, fueron siempre soluciones parciales y de corto plazo, como el reparto de agua mediante camiones, sin que se avance en una obra definitiva que garantice el acceso permanente a un derecho básico.
Sin embargo, la problemática del barrio no se limita únicamente al agua. Los vecinos también denuncian deficiencias en la atención de la posta sanitaria local. En una comunidad con una importante población infantil, el servicio pediátrico funciona de manera irregular: el profesional asiste una vez por semana y, en ocasiones, directamente no concurre, lo que genera lapsos de hasta quince días sin atención médica para los niños. Una situación que genera preocupación y deja a las familias sin respuestas ante problemas de salud elementales.
A esta realidad se suma la ausencia de otros servicios esenciales, como el gas natural. El crecimiento del barrio no fue acompañado por inversiones en infraestructura, y la localidad permanece relegada en términos de planificación y desarrollo. “Si no tenemos agua, mucho menos gas”, es una frase que se repite entre los vecinos y resume el nivel de postergación que sienten.
En El Divisadero funciona además una escuela primaria, lo que agrava el escenario. La falta de agua potable impacta directamente en las condiciones de higiene, salud y en el normal desarrollo de las actividades educativas. Resulta difícil hablar de educación de calidad cuando no están garantizadas las condiciones mínimas para sostenerla.
Los vecinos coinciden en una percepción que atraviesa todo el reclamo: sienten que la localidad quedó sistemáticamente fuera de la agenda de los distintos gobiernos municipales porque representa un bajo caudal electoral. Desde 2008 hasta la actualidad, distintas gestiones pasaron sin ofrecer una solución estructural, consolidando la idea de un territorio olvidado.
En un contexto provincial marcado por la emergencia hídrica y por el debate sobre el destino del agua para actividades de alto consumo, la situación de El Divisadero interpela a la política local. No desde el discurso, sino desde una realidad concreta: familias sin agua, niños sin atención médica regular y servicios básicos ausentes.
El reclamo de los vecinos no busca privilegios. Exige derechos. Agua potable, salud y condiciones dignas de vida no pueden depender de la ubicación geográfica ni de la cantidad de votos que aporte una localidad. Gobernar también implica garantizar lo básico, incluso —y sobre todo— en los márgenes del departamento.
Por El Vocero del Este
Fotos Gentileza: Vecina
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