OPINIÓN
14 de junio de 2026
Cuando el maltrato animal deja de ser un problema animal
Cada vez que se habla de maltrato animal o de superpoblación de perros y gatos, hay quienes creen que se trata de un tema secundario. Sin embargo, la realidad demuestra exactamente lo contrario. Detrás de cada animal abandonado hay un problema de salud pública, de seguridad vial, de convivencia comunitaria y también de gestión del Estado. Lo que durante años fue tratado como una preocupación de unos pocos hoy se ha transformado en una problemática que afecta a toda la sociedad mendocina.
El problema no termina en el abandono, también aparece cuando los vecinos intentan denunciar situaciones de maltrato y se encuentran con un sistema que no responde. Las herramientas existen, pero muchas veces faltan recursos, coordinación y capacidad operativa para actuar de manera efectiva. Así, las denuncias se acumulan, las respuestas llegan tarde y quienes incumplen la ley terminan actuando con total impunidad.
La situación se vuelve todavía más grave cuando finalmente se logra intervenir. Porque una pregunta básica sigue sin respuesta: ¿qué hacemos con los animales rescatados? Hoy son las organizaciones protectoras, los hogares de tránsito y cientos de voluntarios quienes sostienen una tarea que debería formar parte de una política pública seria. Mientras tanto, el Estado llega tarde, llega poco o directamente no llega.
Y lo más preocupante es que seguimos discutiendo esto como si fuera un gasto. La castración masiva, la atención veterinaria preventiva, la educación sobre tenencia responsable y la inversión en infraestructura pública no son un lujo. Son herramientas que permiten reducir accidentes, prevenir enfermedades, disminuir el abandono y evitar costos mucho mayores en el futuro. La prevención siempre resulta más barata que la indiferencia.
Por eso Mendoza necesita avanzar hacia una mirada integral, donde la salud humana, la salud animal y el cuidado del ambiente formen parte de una misma política pública. No alcanza con reaccionar cuando aparece una emergencia. Hace falta planificación, educación y decisión política para abordar un problema que crece año tras año.
Porque una sociedad se define también por la forma en que trata a quienes no pueden defenderse por sí mismos. Y cuando el Estado mira para otro lado frente al abandono, el maltrato y la desprotección, el costo no lo pagan solamente los animales, lo termina pagando toda la comunidad.
Por Emanuel Fugazzotto
Ex Diputado Provincial por Mendoza (Frente Verde)
