OPINIÓN
31 de julio de 2026
El boleto es la punta de iceberg: Por que Mendoza necesita un nuevo pacto ecosocial
La discusión por el aumento del boleto de colectivo a $1.680 no debería agotarse en una cifra. Ese valor es apenas el síntoma visible de un problema mucho más profundo: una provincia donde los servicios esenciales aumentan de manera constante mientras los salarios pierden poder adquisitivo. Cuando el costo de vivir crece más rápido que la capacidad de las familias para afrontarlo, el verdadero problema ya no es el transporte, sino un modelo económico que ha dejado de poner a las personas en el centro.
Durante años hemos naturalizado que cada incremento recaiga sobre los mismos de siempre. Mientras las empresas trasladan sus mayores costos a los precios para preservar su rentabilidad, los trabajadores, los estudiantes y los jubilados absorben el impacto en sus bolsillos. El resultado es una Mendoza donde cada vez cuesta más llegar al trabajo, estudiar, acceder a la salud o sostener un comercio de cercanía. La economía familiar terminó convirtiéndose en la principal variable de ajuste.
Frente a esta realidad, seguir administrando el transporte únicamente desde una lógica tarifaria es un error. Necesitamos entenderlo como una política pública estratégica, capaz de ordenar el territorio, impulsar la economía local, reducir las emisiones y garantizar igualdad de oportunidades. El transporte no puede seguir siendo un negocio subsidiado sin objetivos claros; debe convertirse en una herramienta para el desarrollo provincial.
Desde esa mirada proponemos avanzar hacia un Nuevo Pacto Ecosocial para Mendoza, donde el Metrotranvía sea la columna vertebral de un sistema intermodal conectado con colectivos, ciclovías y movilidad sustentable; donde la expansión del servicio y las tarifas sociales encuentren financiamiento en mecanismos más justos; donde la energía limpia producida en la provincia contribuya a reducir costos operativos; donde la tecnología permita auditar con transparencia el sistema, respetando la privacidad de los usuarios; y donde las estaciones sean espacios seguros e integrados a la vida comercial y comunitaria de cada barrio.
La salida no pasa por profundizar el ajuste ni por resignarnos a que cada aumento sea inevitable. Pasa por transformar el modelo con una planificación de largo plazo que vuelva a poner el bienestar de las familias mendocinas por encima de cualquier interés sectorial. Esa es la esencia de un Gobierno Verde: gobernar para que la economía esté al servicio de la vida y no al revés.
Solo con esa mirada integral podremos construir un sistema de transporte más eficiente, accesible y sostenible, y dar el primer paso hacia una Mendoza que recupere su capacidad de crecer sin dejar a nadie atrás. Porque el verdadero debate nunca fue el precio del boleto: siempre fue el modelo de provincia que queremos construir.
Por Emanuel Fugazzotto