OPINIÓN
13 de septiembre de 2026
El CIC de Las Catitas: entre el detererioro y una oportunidad que no podemos perder
El Centro Integrador Comunitario de Las Catitas, ubicado en el barrio La Costanera, al lado de la plaza, debería ser uno de esos lugares que permanecen activos durante los 365 días del año.
Por allí pasan y deberían pasar niños, jóvenes, adultos, familias, instituciones, trabajadores de la salud, docentes y vecinos. Es un espacio pensado para la comunidad y que todavía tiene muchísimo para ofrecer.
Pero hoy el deterioro del edificio genera preocupación.
Filtraciones, humedades en techos y paredes, cerámicos rotos, baños deteriorados y algunos clausurados, mobiliario en malas condiciones y la falta de muchas mesas y sillas que durante años fueron utilizadas para talleres, reuniones y actividades comunitarias, son parte de una situación que merece ser atendida.
También preocupa el deterioro de la infraestructura y del equipamiento que alguna vez tuvo el CIC: computadoras que ya no funcionan, otras que según quienes conocen el lugar ya no están, equipos tecnológicos deteriorados y una sala de proyección que prácticamente dejó de cumplir aquella función para la que fue creada.
Y acá aparece una pregunta inevitable:
¿Tenemos que resignarnos a que el CIC siga deteriorándose o podemos volver a convertirlo en un verdadero centro comunitario?
Porque el CIC no debería ser solamente un edificio que hay que mantener.
Podría ser mucho más.
Las Catitas necesita oportunidades educativas. Y ese espacio podría transformarse, con inversión y planificación, en un polo educativo, con aulas satélite para carreras terciarias y universitarias, capacitaciones y propuestas de formación a distancia.
Un buen nodo de internet, computadoras, tecnología y espacios adecuados podrían permitir que muchos jóvenes del pueblo puedan estudiar sin tener que trasladarse permanentemente a otros lugares.
La infraestructura ya existe. Lo que falta es recuperar, mantener y darle una verdadera función estratégica.
Por supuesto que allí continúa funcionando un centro de salud y se desarrollan talleres y otras actividades. Y justamente por eso es todavía más importante que quienes tienen la responsabilidad de administrar el espacio puedan garantizar condiciones dignas para quienes trabajan allí y para toda la comunidad que debería utilizarlo.
No hablamos de un edificio abandonado en medio de la nada. Hablamos de un patrimonio de los vecinos de Las Catitas.
Han pasado intendentes, concejales, funcionarios y distintos gobiernos. Pero los edificios públicos quedan.
Y si algo debería trascender a cualquier administración es la obligación de cuidar lo que pertenece al pueblo.
El CIC todavía puede volver a ser un lugar lleno de vida.
Puede volver el cine.
Pueden volver las actividades.
Pueden volver las computadoras.
Pueden volver los talleres.
Y pueden aparecer nuevas oportunidades educativas.
No dejemos que el deterioro termine ganándole a las posibilidades.
Las Catitas necesita que el CIC vuelva a ser lo que su nombre indica: un verdadero Centro Integrador Comunitario.
Por El Vocero del Este
Fotos: Gentileza