OPINIÓN
11 de octubre de 2026
Santa Rosa: clubes que resisten, deudas que crecen y una política deportiva que debe dar respuestas
Rifas, sponsors, bingos, venta de pollos y colectas para pagar las cuentas. Mientras los clubes sostienen el deporte comunitario, crecen los interrogantes sobre el acompañamiento del municipio y la Provincia.
En Santa Rosa, el deporte se sostiene gracias al esfuerzo de dirigentes, familias, entrenadores y vecinos. Bingos, rifas, venta de pollos, pasteles fritos, choripanes, pizzas y colectas a través de las redes sociales y de alias bancarios forman parte de una realidad que se repite en distintas instituciones.
Muchas veces, ya no se recauda para crecer, sino para pagar la luz, el agua, mantener las instalaciones o permitir que los chicos puedan seguir jugando.
Hay clubes centenarios, instituciones con décadas de historia y otras más jóvenes que intentan abrirse camino sin contar siquiera con infraestructura propia. Todos enfrentan necesidades diferentes, pero comparten una misma preocupación: cómo sostener el deporte en un contexto económico que golpea tanto a las familias como a las instituciones.
MUCHO MÁS QUE UN TORNEO
Un club debe ser una puerta abierta para toda la comunidad. Para el chico que sueña con competir y también para aquel que simplemente quiere jugar, compartir y aprender. Para quienes necesitan contención frente a los flagelos sociales, entre ellos el consumo problemático de drogas. Para las personas con discapacidad y para los adultos y adultos mayores que necesitan actividad física, vínculos y oportunidades de integración.
Pero la inclusión no se consigue solamente abriendo una cancha. Hace falta infraestructura digna, materiales, profesionales capacitados y propuestas que contemplen las distintas edades y realidades.
El deporte también enseña valores, construye amistades y forma ciudadanos comprometidos. Un chico que aprende a querer su club puede aprender a querer su pueblo, su departamento y a las personas que lo rodean.
¿DÓNDE ESTÁ EL ACOMPAÑAMIENTO?
El municipio puede señalar la presencia de personal en los clubes, la entrega de materiales, el transporte o la colaboración con determinadas actividades. Sin embargo, la pregunta es cuánto de ese acompañamiento se traduce en mejoras sostenidas.
La presencia de funcionarios, las fotografías en las redes sociales y las entrevistas a dirigentes en programas de streaming pueden contribuir a visibilizar el trabajo institucional. Pero no reemplazan la escucha de los problemas ni las respuestas concretas que necesitan los clubes.
Santa Rosa cuenta con un presupuesto municipal que ronda los $19.000 millones, destinado al conjunto de las responsabilidades de gobierno. No se trata de pretender que ese dinero se destine íntegramente al deporte, sino de conocer qué recursos recibe el área, qué programas se sostienen y qué resultados llegan efectivamente a las instituciones.
La Provincia de Mendoza también debe revisar su acompañamiento. Los clubes del interior necesitan políticas deportivas que lleguen de manera concreta, con recursos, formación y programas accesibles. Las necesidades de Santa Rosa merecen ser atendidas.
DIRIGIR UN CLUB TAMBIÉN ES SABER PLANIFICAR
La responsabilidad no es solamente de los gobiernos. También es necesario que los dirigentes revisen sus decisiones y la manera en que proyectan el futuro de sus instituciones.
Participar de una Liga, un torneo regional o nacional puede ser una oportunidad extraordinaria. Sin embargo, asumir compromisos sobre la base de promesas de apoyo que todavía no se concretaron puede generar deudas difíciles de afrontar.
Los chicos no pueden quedar atrapados en esa situación, ni las familias y los socios deberían cargar permanentemente con sus consecuencias.
Un club necesita proyectos ambiciosos, pero también realistas. Necesita autonomía, cuentas claras, participación de sus socios y planificación. El acompañamiento político debe fortalecer a las instituciones, no generar dependencia.
EL DEPORTE DE SANTA ROSA MERECE OTRA MIRADA
Los clubes no pueden vivir eternamente de rifas, colectas y solidaridad. La comunidad puede acompañarlos, pero no puede reemplazar por sí sola las políticas públicas que hacen falta para sostener el deporte.
Municipio, Provincia y dirigentes tienen responsabilidades diferentes, pero comparten un desafío: garantizar que las instituciones puedan abrir sus puertas en condiciones dignas y ofrecer oportunidades a toda la población.
La pregunta no es cuántas fotografías se publicaron ni cuántos torneos se organizaron. La pregunta es cuántos chicos pueden practicar deporte, cuántas instituciones logran sostenerse y qué oportunidades existen para quienes hoy no encuentran un espacio donde participar.
Santa Rosa necesita clubes vivos, independientes, inclusivos y con futuro. No instituciones condenadas a organizar una nueva rifa cada semana para poder seguir funcionando.
Porque el deporte no es un lujo ni un simple entretenimiento. Es educación, salud, prevención e integración social.
Y cuando los clubes piden ayuda, no están pidiendo solamente por ellos. Están pidiendo por los chicos, por las familias y por toda una comunidad.
El Vocero del Este