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OPINIÓN

23 de octubre de 2026

El deporte infantil necesita mucho más que buena voluntad

La discusión sobre los requisitos para dirigir a chicos en el deporte mendocino abre una oportunidad para reflexionar sobre una cuestión fundamental: ¿alcanza con tener buena voluntad para trabajar con niños y adolescentes?

En nuestros clubes hay muchas personas que dedican tiempo y esfuerzo de manera desinteresada. Su compromiso es valioso, pero trabajar con las infancias requiere también preparación, responsabilidad y, sobre todo, comprender que el deporte debe ser un espacio de aprendizaje, inclusión y disfrute.

Todavía vemos situaciones en las que los gritos, las discusiones y los malos tratos reemplazan a la enseñanza. Adultos que pierden de vista que están frente a chicos que necesitan aprender, equivocarse, sentirse acompañados y crecer en un ambiente de respeto.

Los niños tienen derecho a jugar, ser respetados, contenidos e incluidos. Su valor no depende de los resultados, los goles ni los partidos ganados. El deporte infantil no puede convertirse en un escenario donde las frustraciones de los adultos recaigan sobre los más chicos.

Esta reflexión también alcanza al Estado. En Santa Rosa, el municipio, a través de sus escuelas deportivas y de los recursos humanos que aporta a distintas instituciones, tiene una responsabilidad que merece especial atención. Es necesario revisar los criterios de selección, capacitación y supervisión de quienes trabajan con niños y adolescentes, garantizando el cumplimiento de los requisitos legales vigentes.

La exigencia de antecedentes penales constituye una herramienta de prevención, pero no reemplaza la formación ni garantiza, por sí sola, un buen trato. Se necesitan adultos preparados, instituciones comprometidas y mecanismos efectivos para proteger los derechos de las infancias.

No se trata de desmerecer a quienes colaboran con vocación, sino de entender que la buena voluntad es importante, pero no siempre suficiente. Enseñar un deporte también implica educar, contener y dar el ejemplo.

La pregunta que debemos hacernos, como sociedad, es sencilla: ¿qué clase de experiencias deportivas queremos ofrecerles a nuestros chicos?

Reflexionar sobre este tema es una responsabilidad compartida entre clubes, familias, entrenadores y autoridades. Porque el verdadero éxito del deporte infantil no se mide solamente en trofeos, sino también en la felicidad, el aprendizaje y los valores que se llevan nuestros niños y jóvenes.

Cuidar a quienes practican deporte hoy es también construir una sociedad mejor para mañana.

Por El Vocero del Este

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